Fecha: 22/09/2017

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12/08/2016
Trabajo mancomunado en la frontera
Los modelos que se impulsan en ambos países son completamente opuestos y por ende las condiciones de vida de los pobladores también lo son

BARRY CARTAYA.- Luego de un año los gobiernos de Venezuela y Colombia decidieron abrir la frontera por cinco espacios estratégicos para el paso peatonal de 6 de la mañana a 9 de la noche. Se anunciaron comisiones mixtas para combatir los diversos flagelos y edificar espacios de paz, convivencia y donde reine la legalidad. La discusión ahora no debe ser quién perdió más con el cierre fronterizo sino las responsabilidades que debemos asumir todos para que estos espacios comunes sean provechosos, justos y tranquilos.

Es innegable el triunfo diplomático de Venezuela porque luego de verse afectado durante años ante la mirada complaciente de los gobernantes y las autoridades vecinas,  cerró los espacios de forma constitucional, desmanteló bandas, frenó el contrabando de extracción y el “bachaqueo”, que inició en los espacios fronterizos y luego se extendió, lamentablemente, a todo el territorio.

Los modelos que se impulsan en ambos países son completamente opuestos y por ende las condiciones de vida de los pobladores también lo son. Mientras en Venezuela existe una enorme inversión social, se impulsa la justicia sin distinción, se atiende a los humildes y se subsidian innumerables productos, servicios y políticas, en Colombia, a través del tratado de libre comercio, las alianzas comerciales de élites y el neoliberalismo, aderezado con el conflicto armado, narcotráfico y paramilitarismo que ha padecido durante décadas, el pueblo humilde cada día tiene menos opciones de progresar.

Es lógico que los hermanos colombianos vean en Venezuela las posibilidades reales de atención social y busquen beneficiarse, pero lo que es inadmisible que las autoridades colombianas permitan la venta indiscriminada de productos, alimentos, medicamentos y combustible venezolano. Pero además vulneren el valor de nuestra moneda con la permuta criminal en las casas de cambio y no controle los campamentos paramilitares en territorio fronterizo.

El trabajo debe ser mancomunado y eficiente. Sobre todo de aquel lado, por algo en Venezuela conviven casi seis millones de colombianos que gozan de todas las políticas sociales sin distinción.  

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